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Un "cuento" sobre seguros
Un entretenido relato nos describe un viejo y conocido
caso típico dentro del mercado asegurador. Una historia en
donde cualquier semejanza con hechos y personajes de la realidad…¿será
pura coincidencia?
Por Deve Marcelo
Fuente: Buenafuente
¡Y sí! Creí, creí ¿y qué?
Después de todo eran tipos conocidos- Andino - Fantino- Georgina,
y me mostraban un mundo mágico... Si ellos mismos me decían
que TODO, escuchá bien “todo” estaba cubierto.
Por fin, por fin alguien me prometía..., porque a esta altura
del partido, a mi ya no me interesan que me cumplan. Lo que quiero
es que me prometan... Y yo quería que todo estuviera cubierto:
ya estaba cansado de las aburridas explicaciones, precauciones y
preguntas de mi productor de seguros.
Si hasta Bianchi, escuchame bien: Bianchi, en la tele me
mostraba que era capaz de dejar su nave, flor de bote ¡eh!
en manos de un casi no vidente para que se lo estacione. Total,
decía, estaba asegurado en el banco no sé cual. Me
gusta ese Bianchi, tipo piola, con calle...
Además, para mí las compañías,
los bancos, son todas iguales. ¿Qué: una compañía
de seguros y un banco no es lo mismo? Y yo qué sé.
Si no, mirá la propaganda del banco: hablan de seguros tal,
de seguros cual. Para mí es lo mismo. Tienen grandes edificios,
muchas sucursales... Aunque un primo mío, el Luis (vos lo
conocés), la otra vez me dijo algo y la verdad que el loco
me dejó pensando: “Con la guita de quien creés
vos que los hicieron a los edificios, gil?: ¡con la tuya!.
O te olvidaste del 2001, del corralito, de los bancos tapiados y
de los giles como vos y yo golpeando y sacando la guita a cuentagotas.
¡Nuestra guita!
Pero no le di mucha bola, ya que fue después del asado
y dije: mi primo se chupó. Y puse la mente en blanco; no
le di más bola.
¿Que cuándo empezó esta historieta de
la cual te quiero hablar?
Fue cuando me robaron la chata anterior. La que tenia asegurada
con un productor gomia. Esa vez la compañía se portó.
La pusieron de frente march, taca taca, uno sobre otro. ¡Bah!
Después de todo era su obligación. Pera lo pusieron
y rapidito, en 30 días cobré y ahí me enrosqué,
viste, ahí empezó toda esta historieta, porque con
la guita de la indemnización del robo, salí a buscar
otra camioneta, porque quería adelantar unos modelos, modernizarme
y no tenía toda la guita.
Tito, el del quiosco, me habló del préstamo
del banco y le metí para adelante. De movida, tasa cero,
es decir, sin interés, como en la época de Carlitos
o mejor. Todo parecía fácil, pero firmé dos
mil papeles y, te digo, algo no me cerraba. El seguro de vida un
poco salado, viste y el empleado me dijo: el seguro del vehículo
lo hacemos nosotros, sale “tanto” por mes, lo paga con
la cuota del préstamo. Yo soy medio duro para algunas cosas,
pero para los números no soy ningún gil, hice las
cuentas, me parecía un poco caro pero viste, quería
cambiar , avanzar unos modelos , además tasa cero.... Amagué
una protesta pero como el tipo no me dio cabida, agaché la
cabeza y firmé.
Y ahí fuimos. Empecé a pagar (te juro me costaba
un ....por mes). Pero un día me crucé con el productor
que me hacía los seguros antes. Un tipo bien. Se nota que
mal no le va, porque ni siquiera se cabreó conmigo porque
dejé de ser su cliente. Y le comenté: “sabés
que estoy pagando el seguro de la chata en la compañía
xxxx y me cobran un vagón de guita”. El tipo me pidió
los datos y los pelpas. y ¿a que no sabés? Me trajo
una cotización de la misma compañía, escuchá
bien, de la misma compañía, cubriendo más riesgos
y ¡por menos guita! Y todavía me mostró algo
más, como si fuera poco: franquicia decía la mía,
la otra no. Los ojos se me desorbitaron de la bronca .Me puse como
loco, me fui para el banco, encaré al empleado con los papeles
en la mano, sacudiéndolos y le dije: “ustedes me están
afanando, me empaquetaron”.
Tenés que ver al tipo: cara de piedra total. Me dijo
que el contrato, que la prenda , que yo firmé, y la pelota
en verso. Como me vio que me ponía muy caliente, me pasó
con un gerente, un capo o algo así. ¡Qué soberbia
la del tipo!. Me dijo que no podía hacer nada, que “usted
firmó”, que la mar en coche...
Me fui recaliente, gritándole que iba a ir a la defensa
del consumidor, que los iba a denunciar, que la compañía
de seguros no tenia ética ¿cómo van a tener
dos precios?
Calentura, boludeces, no hice nada, me la comí, con
tutti me la comí. Pensé: bogas, trámites, escribanía,
andá para allá, vení para acá... Ma
sí...Fa fue.
Pero, no lo vas a creer: al tiempo el banco, junto con la
cuenta del mes, me mandó una oferta para asegurar la casa.
Recaliente me puse, estos...... ya van a ver quien soy, ya van a
ver. Ni la Nelly (mi jermu) consiguió calmarme, jodiendo
con que “tené cuidado con lo que decís, medí
las consecuencias”. Siempre lo mismo. Si por ella fuera uno
sería un pobre corderito.
No le di bola. Lo llamé al empleado y le dije: “ustedes
me están cobrando de más en el seguro de la chata
y ahora me ofrecen otro seguro. ¿Qué tengo cara de
infradotado, yo tengo? Y ahí lo ataqué de tefren,porque
yo ya me había dado cuenta como era el asunto: “a ver,
a ver ¿qué me van a regalar si compro, eh?”
¡Ja! Le hice ver que yo tenía la sartén por
el mango y que tenía el mango también. ¡Yo soy
el cliente, viejo, si me quieren que se pongan!
Y el quía, rápido, me dijo: “por supuesto,
vamos a obsequiarle una orden de compra para xxxxxx por $xxxx...Y
agarré viaje. Después de todo los tipos se portaron.
Me fui con la orden de compra y me saqué la juguera viste,
para el verano, fenómeno me viene, para los pibes, así
crecen sanos...
Al tiempo llegó la póliza y la tiré
en un cajón de la cómoda, y a otra cosa, mariposa.
Habrá pasado un mes, cuando un sábado vino
el Beto, mi cuñado, y me dijo: “vamos a comer un asado
a Monte con la patrona y los chicos. Yo tenía una changa
para la tarde, pero me dije. ¡Y sí, vivila un poco!
Y allá fuimos todos. ¡Qué asado, por Dios!.
Un sábado espectacular. La vida es bella, como decía
ese tano del cine...
Volvimos de tardecita y al llegar a casa vi como un remolino
de gente y a doña Cuca, mi vecina, parada en la puerta. Sospeché,
me bajé y me quise morir. Te juro, el asado me quedó
atragantado, acá me quedó. Me habían afanado
en casa. Entraron por una ventana de atrás, juntaron ¡TODO!
y salieron por adelante, cargaron todo, un desastre, un desastre...
Mi señora lloraba, los pibes lloraban, mi cuñado
lloraba. Un drama. De pronto, me acordé del seguro y les
dije, para calmarlos: “tranquilos, tranquilos, que tenemos
seguro, nos van a pagar todo, todo. Como la compañía
de la otra vez con la chata”.
Fui al cajón y ¡menos mal!, la póliza
estaba. Tuve que esperar dos días para reclamar, porque ¿cómo
voy a llamar a un banco un sábado? Pero el lunes, 10 en punto,
me fui con la póliza al banco y el empleado me dijo: “No,
acá no, acá no atendemos siniestros. Vaya a la compañía,
ahí lo atienden”. Me sonó medio raro, yo pensé
que ellos me iban a atender, pero parece que no, que ahora es así
nomás.
Fui a la compañía. ¡Qué edificio,
papá! ¡Qué de guita tienen esos tipos! ¡Qué
secretarias (pero, aunque se me iban los ojos, me quedé piola
en el molde. Yo a la Nelly la respeto, viste)!
Me atendieron bien, pero tuve que esperar porque había
unos cuantos como yo. Parece que el fin de semana los muchachos
laburaron.... Tuve que hacer una carta, me pidieron un par de datos
y me dijeron que el liquidador me iba a visitar. ¿El liquidador?
¿Y ese quien es? ¿Me va a liquidar? Je,je,je, si ya
me liquidaron los chorros.
Vino el tipo, me preguntó, miró, sacó
fotos. Faltaba que me pidiera la antitetánica. Y me hizo
firmar un pelpa explicando lo que pasó, punto por punto lo
que había ocurrido, lo que me robaron, etc. Antes de irse
me dijo que en pocos días tendría noticias de la compañía.
¡Y bueno. Ajo y agua! No va que a los dos días
me llegó una carta documento. Dije: ya está, me avisan
que vaya a buscar el cheque ¡Que fenómeno es esto del
seguro! Cuando la abrí, me quería morir, me quería.
La vena de acá se me puso así, casi explota.
Mucho no entendía, porque hablaba de leyes, cláusulas,
artículos. Pero lo que si entendí, es que no me iban
a garpar, no sé bien por que tema de las rejas, cláusula
de medida de seguridad inserta en la póliza, eso decía,
como si yo entendiera algo.
Me iba ir rajando al banco, pero la Nelly me barajó
y me dijo que eran las tres menos cuarto. Que no llegaba, porque
cierran a las tres. Al productor lo llamaba a cualquier hora pero,
¡a estos tipos!.
Me fui rajando al quiosco del Tito. Después de todo
él me recomendó ese banco y, tipo piola el Tito, cuando
le conté lo de la póliza de la chata me dijo que hice
bien. Si no fijate en Bianchi, Andino y todos los otros, me dijo.
Cuando le conté la novedad, se quería morir junto
conmigo (tipo pierna el Tito). Me aconsejó que fuera a armar
bolonqui al banco. Después de todo ellos fueron los que me
la vendieron y no me dijeron ni minga de las rejas, de la cláusula
esa de no sé qué, y de esa ley y que sé yo.
Me la comí por 20 horas, te juro que fueron 20 horas
de infierno. Pero al otro día, a las diez en punto, estaba
en la tapuer del banco. Firme como ojo de vidrio. El empleado ya
ni me atendió, me abarajó la empleada de recepción
y me dijo: “siniestros a la compañía, acá
no”. ¡Otra vez sopa!
Fui a la compañía. Espera larga, yo cada vez
más caliente. Cuando me atienden me dicen que lo de la carta
documento era así. Que de qué quería hablar
yo si el caso estaba clarito, clarito. ¡No sé para
que fui!. Yo caliente, levantaba la voz cada vez más, el
de seguridad me junaba, cada vez más.....
Al final, debo reconocer que fueron amables, aunque ni un
feca me dieron. Me explicaron, me mostraron la cláusula.
Todo bien, pero marche preso. No ofrecían ni siquiera un
mango. Parece que como no tenía una reja en la ventana de
atrás y por ahí entraron los chorros, el seguro no
me cubría. Y ellos qué sabían si el chabón
del banco no me había explicado lo de las rejas.
Eso si, anulé ahí mismo la póliza y
me dije para adentro: en cuanto me junte con mis amigos les voy
a decir: “los de los seguros son todos unos chorros. Te pasan
en cuanto pueden y se agarran de cualquier cosa para no pagar. Por
eso, cuando puedas, pasalos vos por arriba. Hacésela bien
hecha” (Aunque el Mario, mi sobrino que está estudiando
para abogado, me dijo que eso se llama autorobo y que es delito,
que puedo ir en cana. ¡Ma sí, me tienen podrido!)
Ya estaba por irme, pero de pronto sentí como un fuego,
una sensación de calor y exploté, exploté ¿viste?
Y ahí nomás empecé a las piñas y a las
patadas con todo y contra todos, a los gritos: hijos de mala madre,
me acostaron y ahora se borran... El resto ya lo podés imaginar:
cayó la cana, patrullero, comisaria, pianola. Mi jermu desesperada,
llamó a un amigo de la hermana, que es abogado y menos mal
que me sacaron en sólo dos días. Pero ya me anticipó
que la festichola sigue, que tengo una causa abierta, y no sé
cuantas cosas más, viste.
Te juro que era como si viera una película, de terror,
ahí, en la celda, pensaba y pensaba y lloraba y maldecía.
¡Cómo había llegado ahí, a esa situación,
yo, que nunca jodí a nadie! Y me acorde del banco, del empleado
del banco, de las presiones del banco, de los regalos, qué
sé yo, viste, me confundí....
Aunque si lo pienso bien, yo soy una víctima , porque
todo esto fue armado. Se pusieron todos de acuerdo para joderme.
El banco, la compañía, todos, todos. Hasta la propaganda.
¡Uhhh! Las propagandas, Georgina, Andino, Fantino cuando me
decían: “todo, todo cubierto y les creí”.
¡Qué p.....! ¿Y por qué no iba a creer,
si yo no entiendo nada de seguros. Si a mí me dicen “todo”
es “todo”, si no que me digan las cosas como son, que
no me mientan.
Y encima vos, Bianchi, que me dabas tanta confianza cuando
veía los avisos (porque además, soy bostero). Carlitos:
¡dedicate a lo tuyo! Y si no estuvieras en España te
iba a buscar, no para agredirte (no ando en eso), pero al menos
para explicarte cómo es esta historieta, porque a vos, como
a mí, nos la vendieron cambiada... La diferencia es que vos,
cobraste...
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